Agotamiento tecnológico
Después de descubrir que había determinados gustos, acciones y aficiones que ya no me gustaban, me decidí por seguir ese camino y replanteármelo todo. Y algunas las arrojé a la basura, mientras que otras aguantaron estoicamente la limpieza.
La cuestión detrás de esto es que hay algunas que se resisten incluso aunque le venga bien una buena limpieza. Y en relación a eso, desde hace un tiempo vengo aquejándome de un mal que no parece tener solución a corto plazo, y es lo que yo he llamado agotamiento tecnológico o fatiga tecnológica, dependiendo del día en el que me encuentre. Básicamente consiste en estar cansado de la tecnología en general. No rechazarla, no odiarla, no despreciarla, sino estar agotado de tenerla presente todo el día y tener que estar en constante aprendizaje por miedo a perderme algo (FOMO).
Hace unos días, en casa de un familiar, le confesé a un señor inglés que habían invitado a comer con nosotros, que estaba cansado de la IA, y él me dijo que en el tema de la IA, él no quería saber nada porque ya había estado bastante tiempo con tecnología cuando tenía su empresa, y ahora que estaba retirado no tenía ganas ni fuerzas para seguir estando al corriente.
Y eso me hizo pensar. Lo envidié. Luego me di cuenta que en realidad la IA era parte del problema, un eslabón más de una cadena enorme que me arrastraba. Una cadena que me agota, que me pesa. La IA sólo es el que se engancha a mi mosquetón, pero tras ella veo una ristra de otros que se unen a ella: redes sociales, móviles, servicios online, aplicaciones...
Siento que la realidad se despega de mí y la veo marchar, cada vez más lejos, dejándome solo enterrado en toneladas de bits, chips y luces azules sin personalidad. Desde mi posición, sólo veo una rendija, una pequeña luz, una ventana pequeña donde aprecio a duras penas los vestigios de lo que un día fue una verdad tangible, orgánica. Una ventana cada vez más pequeña que me aleja cada vez más de la realidad, de lo que de verdad me hacían sentir vivo. Añoro esos años en los que un paseo en bici con mis amigos se sentía estar libre. O los días en los que sentarse en una cafetería por la tarde era más emocionante que cualquier vídeo de TikTok o cualquier IA del momento, por muy espectacular que ésta sea.El ruido tecnológico me embota la mente, me distrae, me mantiene demasiado ocupado. Y no quiero estar ocupado, quiero sentirme bien, libre. O, como decía Medina Azahara, necesito respirar, descubrir el aire fresco y decir cada mañana que soy libre como el viento.
Pero, ¿cómo se huye de algo que forma parte de tu día a día sin parecer que estás en una mala relación con una pareja tóxica de la que no te puedes alejar, pero tampoco quedarte? Sinceramente, no tengo ni idea, pero olvidarme de ella al salir del trabajo es lo mejor que se me ocurre. No es perfecto, pero es lo más parecido a no dejarme atrapar por ella sin tener que irme a criar cabras al campo.
La meditación me trae beneficios enormes que jamás me había imaginado, pero no todos son gratis, algunos te hacen pagar un precio que en ocasiones se te antojan demasiado altos. Y este parece ser de los difíciles.
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